

Renta

Director
Clyde BruckmanGuión
Buster Keaton, Clyde Bruckman, Al Boasberg

Martin Oaks
6 jun 2025
**La genialidad de la improvisación** En “El maquinista de La General”, Buster carecía de un guión. Él y su equipo de realización creaban un buen inicio y luego trataban de encontrar un final satisfactorio. Como solía decir: “…lo del medio ya irá surgiendo”. Buster iba improvisado ideas y, simplemente, las llevaba a cabo, lo que permitía ofrecer una espontaneidad deliciosa porque, si de repente se le ocurría algo brillante que afectara frontalmente al desarrollo de la historia en curso, movía el timón y cambiaba de dirección en ese mismo instante. En la Metro, esa praxis era algo totalmente inaceptable, los guiones se antojaban imprescindibles, todo tenía que estar perfectamente milimetrado, discutido, presupuestado y programado. Así que Buster perdió todo su poder y lo arrojaron a la “picadora de carne”, que es como denominaban al sistema de producción de las grandes casas. Recientemente, “El maquinista…” fue sometida a voto por distintos críticos e historiadores del Séptimo Arte, y se acabó considerando como la 18ª película más influyente del cine mundial, pero definitivamente la primera en el ranking de cine mudo. Y es que pocas películas han logrado esa combinación perfecta y sublime de comedia, acción y proeza técnica como “El maquinista…”. No solo es un testamento al genio de Keaton como actor y director, sino que también se erige como una influencia innegable en el cine de aventuras hasta el día de hoy. Durante la Guerra de Secesión, Johnnie Gray es un maquinista sureño (él mismo pensó que presentarse como sureño transmitiría más simpatías entre el público, en contra de los ganadores) cuya mayor pasión es su locomotora “The General”. Cuando su amada máquina es robada por unos espías de la Unión, Johnnie se embarca en una persecución implacable para recuperarla, rescatar a su prometida secuestrada y, sin quererlo, convertirse en un héroe de guerra. Las secuencias de acción no solo son espectaculares o técnicamente sorprendentes y realistas, también debemos añadir que el “Gran Cara de Palo” (que es como se le conocía en el mundillo) proyectaba una impasibilidad que contrastaba hilarantemente con el caos que le rodeaba. Haber formado parte de una familia de acróbatas, con los que había actuado en bodeviles y teatros de segunda a una edad muy temprana, le permitía realizar piruetas asombrosas y muy peligrosas, demostrando un compromiso absoluto con la autenticidad y la espectacularidad. Keaton co-dirigió la película con Clyde Bruckman, que ya había demostrado un dominio absoluto de la narrativa visual con “El cameraman” (1928), “Siete ocasiones” (1925) o “El navegante” (1924), por citar algunos de sus guiones. La cinematografía es excepcional, con tomas muy amplias que permiten apreciar la escala real de las locomotoras, pero también de los paisajes. La famosa escena del puente en llamas con una locomotora real cayendo al río sigue siendo una de las proezas técnicas más ambiciosas y caras de la era del cine mudo, no en vano “El maquinista…” tuvo un presupuesto final de 500 mil dólares, que era prácticamente tres veces superior a la de cualquier producción protagonizada por las estrellas del momento.

Jim Farley
General Thatcher

Martin Oaks
6 jun 2025
**La genialidad de la improvisación** En “El maquinista de La General”, Buster carecía de un guión. Él y su equipo de realización creaban un buen inicio y luego trataban de encontrar un final satisfactorio. Como solía decir: “…lo del medio ya irá surgiendo”. Buster iba improvisado ideas y, simplemente, las llevaba a cabo, lo que permitía ofrecer una espontaneidad deliciosa porque, si de repente se le ocurría algo brillante que afectara frontalmente al desarrollo de la historia en curso, movía el timón y cambiaba de dirección en ese mismo instante. En la Metro, esa praxis era algo totalmente inaceptable, los guiones se antojaban imprescindibles, todo tenía que estar perfectamente milimetrado, discutido, presupuestado y programado. Así que Buster perdió todo su poder y lo arrojaron a la “picadora de carne”, que es como denominaban al sistema de producción de las grandes casas. Recientemente, “El maquinista…” fue sometida a voto por distintos críticos e historiadores del Séptimo Arte, y se acabó considerando como la 18ª película más influyente del cine mundial, pero definitivamente la primera en el ranking de cine mudo. Y es que pocas películas han logrado esa combinación perfecta y sublime de comedia, acción y proeza técnica como “El maquinista…”. No solo es un testamento al genio de Keaton como actor y director, sino que también se erige como una influencia innegable en el cine de aventuras hasta el día de hoy. Durante la Guerra de Secesión, Johnnie Gray es un maquinista sureño (él mismo pensó que presentarse como sureño transmitiría más simpatías entre el público, en contra de los ganadores) cuya mayor pasión es su locomotora “The General”. Cuando su amada máquina es robada por unos espías de la Unión, Johnnie se embarca en una persecución implacable para recuperarla, rescatar a su prometida secuestrada y, sin quererlo, convertirse en un héroe de guerra. Las secuencias de acción no solo son espectaculares o técnicamente sorprendentes y realistas, también debemos añadir que el “Gran Cara de Palo” (que es como se le conocía en el mundillo) proyectaba una impasibilidad que contrastaba hilarantemente con el caos que le rodeaba. Haber formado parte de una familia de acróbatas, con los que había actuado en bodeviles y teatros de segunda a una edad muy temprana, le permitía realizar piruetas asombrosas y muy peligrosas, demostrando un compromiso absoluto con la autenticidad y la espectacularidad. Keaton co-dirigió la película con Clyde Bruckman, que ya había demostrado un dominio absoluto de la narrativa visual con “El cameraman” (1928), “Siete ocasiones” (1925) o “El navegante” (1924), por citar algunos de sus guiones. La cinematografía es excepcional, con tomas muy amplias que permiten apreciar la escala real de las locomotoras, pero también de los paisajes. La famosa escena del puente en llamas con una locomotora real cayendo al río sigue siendo una de las proezas técnicas más ambiciosas y caras de la era del cine mudo, no en vano “El maquinista…” tuvo un presupuesto final de 500 mil dólares, que era prácticamente tres veces superior a la de cualquier producción protagonizada por las estrellas del momento.
1999