

Streaming


"15 años de prisión, cinco días de venganza."
Min-sik Choi es un hombre de negocios coreano que un día es secuestrado y confinado durante años en una celda en la que sólo hay una televisión. Y, sin embargo, ignora por qué razón está allí...
Director
Park Chan-wookGuión
Hwang Jo-yoon, Lim Joon-hyung, Park Chan-wook

Marco-Hugo Landeta Vacas
9 nov 2025
(CASTELLANO) Empieza como un golpe en la nuca: te sientan, te atan y te piden paciencia. La Oldboy original no busca agradar; te arrastra a su ritmo, entre imágenes que cortan y silencios que pesan. A ratos desconectas porque no sabes hacia dónde va, sí, pero cuando vuelve a engancharte lo hace con una fuerza rara, como si te hablara desde un sitio que no visitas a menudo. Park Chan-wook filma la violencia sin coartada, pero con una elegancia incómoda. Cada plano parece pensado para descolocar, para que el asco y la belleza convivan en el mismo encuadre. Hay humor negrísimo, hay melodrama contenido y hay una tensión que no afloja. No todo está “explicado”; tampoco hace falta. La película funciona más como experiencia que como rompecabezas. Choi Min-sik es un vendaval: no necesita subrayados para mostrar la caída, la rabia, la fatiga. Yoo Ji-tae aporta frialdad y un extraño magnetismo. Juntos sostienen una historia que juega con la culpa y el deseo de ajustar cuentas sin convertirlo en sermón. Lo llamativo es que el dolor nunca es decorado: se queda en la piel y mancha. La puesta en escena es puro carácter. Colores saturados, composición milimétrica, un diseño de sonido que te mete dentro. La famosa fisicidad de algunas secuencias impacta, pero no es solo “brutalidad”: hay una dirección de orquesta detrás, una idea clara de cómo te quiere mover por el laberinto. Hay momentos en los que notas que todo se les ha ido un poco de las manos. No es que esté mal, pero hay escenas tan exageradas que te cortan el rollo y te dejan fuera un instante. Incluso te puede llegar a cansar, porque va subiendo y subiendo como si no hubiera freno. Pero luego pasa algo raro: termina, y te quedas un poco pillado, como pensando “vale… ¿qué ha sido esto exactamente?”. No se parece a nada familiar y te deja un poso extraño, casi más físico que emocional. No es una peli cómoda, ni creo que quiera serlo. Va a su bola, te muerde cuando le da la gana y te deja con la marca puesta, aunque no sepas muy bien por qué. (ENGLISH) It starts like a blow to the head: you’re seated, tied down, and asked for patience. The original Oldboy isn’t here to please; it drags you at its own pace, through sharp images and heavy silences. At times you disconnect because you can’t tell where it’s going, sure, but when it grabs you again it does so with a strange force, as if speaking from a place you rarely visit. Park Chan-wook films violence without excuses, yet with unsettling elegance. Every shot seems designed to disorient, to let disgust and beauty share the same frame. There’s jet-black humor, restrained melodrama, and a tension that rarely loosens. Not everything is “explained”; it doesn’t need to be. The film works more as an experience than a puzzle. Choi Min-sik is a whirlwind; he doesn’t need underlining to show collapse, rage, and fatigue. Yoo Ji-tae brings chill and an odd magnetism. Together they hold a story about guilt and settling scores without turning it into a lecture. Pain isn’t decoration here—it lingers, stains. The staging has real character: saturated colors, meticulous composition, sound design that puts you inside. The famed physicality of certain moments hits hard, but it isn’t just “brutality”; there’s orchestration behind it, a clear idea of how to move you through the maze. If anything weighs it down, it’s the sense of excess that can push you out: so much intensity, so many extreme gestures can be exhausting. Even so, when the curtain drops, you feel you’ve lived a one-off—something you won’t mistake for anything else. It isn’t comfortable, and it doesn’t want to be. It bites—and it leaves a mark.
2014