

Renta


"¡Hasta el momento! ¡Hasta ahora! ¡Mucho más! ¡James Bond 007 está de vuelta!"
El agente británico 007, que en esta ocasión se asocia a un mafioso, para unir sus fuerzas en la lucha contra la malvada organización Spectre. Ambientada en los alpes suizos, el malvado Stavro Blofeld -Savalas amenaza al mundo entero con un malvado plan: desarrollar y lanzar una peligrosa bacteria que podría acabar con millones de personas en todo el planeta.
Director
Peter R. HuntGuión
Richard Maibaum, Ian Fleming, Simon Raven

Marco-Hugo Landeta Vacas
27 ago 2025
(CASTELLANO) Siempre había escuchado que esta entrega era floja, que George Lazenby no tenía carisma y que la película era poco menos que un error dentro de la saga. Pero al verla entera, la impresión cambia: no es ni de lejos el desastre que muchos cuentan, al contrario, tiene un valor especial que quizá en 1969 no se supo ver. Lo primero que sorprende es cómo conecta con la etapa de Daniel Craig. Más allá de la acción —que aquí es mucho más física y menos dependiente de los gadgets—, está el hecho de mostrar a un Bond vulnerable, marcado por una pérdida trágica. Ese giro humano, tan raro en aquellos años, es lo que hoy hace que la película se aprecie más que en su momento. Lazenby no es Connery, eso está claro, pero tampoco lo hace tan mal como dicen. Le falta experiencia, sí, pero se defiende en las escenas de acción y tiene química con Diana Rigg, que es la que realmente eleva la película. Su Tracy es un personaje con fuerza, y la relación con Bond aporta un peso emocional que pocas veces hemos visto en la saga. La cinta tiene secuencias memorables: persecuciones en esquí, un Blofeld encarnado por Telly Savalas que mezcla carisma con exceso, y un final que sigue siendo de los más impactantes de toda la franquicia. Puede que en su día pareciera rara o fuera de tono, pero con el paso del tiempo ha ganado enteros y ahora se entiende como una pieza clave en la evolución del personaje. No es perfecta, tiene sus excesos y algún momento que chirría, pero es mucho más valiosa de lo que se pensó. Hoy se la puede ver como un puente entre el Bond clásico y el moderno, uno que se atrevió a mostrar que incluso el 007 podía perder. (ENGLISH) I had always heard this film was weak, that George Lazenby lacked charisma and that it was little more than a mistake in the saga. But watching it in full, the impression changes: it is far from the disaster people claim, and actually has a special value that perhaps wasn’t appreciated back in 1969. The first surprise is how much it connects with the Daniel Craig era. Beyond the action —which here is more physical and less dependent on gadgets— there’s the portrayal of a vulnerable Bond, marked by tragic loss. That human angle, so unusual at the time, is precisely what makes the film more appreciated today. Lazenby is not Connery, of course, but he’s not as bad as his reputation suggests. He lacks polish, but he holds his own in the action scenes and shares genuine chemistry with Diana Rigg, who truly elevates the film. Her Tracy is a strong character, and their relationship gives the story an emotional weight rarely seen in the franchise. The movie has memorable sequences: ski chases, a charismatic (if over-the-top) Blofeld played by Telly Savalas, and an ending that remains one of the most shocking in the series. It may have seemed odd or out of place back then, but with time it has gained recognition and is now seen as a key step in Bond’s evolution. It’s not perfect —some excesses and awkward moments remain— but it’s far more valuable than it was once thought to be. Today, it can be appreciated as a bridge between the classic and the modern Bond, one that dared to show that even 007 could lose.
Telly Savalas
Ernst Stavro Blofeld
1963