

Renta



James y Em Foster disfrutan de unas vacaciones en la playa con todo incluido en la isla ficticia de La Tolqa, cuando un accidente fatal expone la subcultura perversa del turismo hedonista, la violencia imprudente y los horrores surrealistas del resort.
Director
Brandon CronenbergGuión
Brandon Cronenberg

JoseQuintero
3 abr 2023
Una depravada, sentida y asfixiante propuesta sobre la típica pregunta: "¿Qué haría usted en un día sin leyes?" Mía Goth se mantiene en su zona de confort dentro del catálogo cinematográfico que está creando.

Marco-Hugo Landeta Vacas
11 oct 2025
(CASTELLANO) Piscina infinita es una de esas películas que te dejan con sensaciones encontradas: hipnótica, enfermiza y, al mismo tiempo, difícil de digerir. Brandon Cronenberg confirma aquí que la genética pesa, y mucho. Hay ecos del cine de su padre —ese terror físico y psicológico tan propio de David Cronenberg—, pero con una mirada más nihilista, más sucia, más retorcida. La premisa es sencilla: un resort paradisíaco que esconde un infierno moral donde los ricos pueden hacer lo que quieran sin consecuencias reales. Pero lo que parece una crítica social acaba convirtiéndose en una pesadilla sensorial, llena de sangre, sexo y alucinaciones que se confunden con la realidad. Es cine de autor en estado puro, provocador, incómodo y, por momentos, fascinante. Alexander Skarsgård está brillante en su descenso al abismo, y Mia Goth, directamente, roba la película. Su presencia es hipnótica, entre la locura y la seducción, como si fuera una versión contemporánea del mal absoluto. Es de esas actuaciones que incomodan solo con una mirada o una sonrisa. La atmósfera, el sonido, la iluminación, todo contribuye a generar una sensación de asfixia. No hay escapatoria, ni física ni mental. Y aunque a veces el discurso se diluye entre tanto exceso, la película logra exactamente lo que pretende: que salgas del cine perturbado y con la sensación de haber visto algo que no se borra fácilmente. No es para todos los públicos. Es dura, grotesca y profundamente enfermiza, pero también es una experiencia cinematográfica única, de esas que no se olvidan. Piscina infinita es el reflejo oscuro del placer, del poder y de la impunidad. Una invitación a mirar lo peor del ser humano… y reconocerlo. (ENGLISH) Infinity Pool is one of those films that leaves you conflicted: hypnotic, sickening, and yet impossible to look away from. Brandon Cronenberg proves that genetics matter — the shadow of his father’s cinema is there, with that mix of body horror and psychological decay, but filtered through a colder, more nihilistic gaze. The premise is simple: a luxurious resort hiding a moral hell where the wealthy can act without consequence. What begins as a social satire soon mutates into a sensory nightmare of blood, sex, and hallucination. It’s pure auteur cinema — provocative, disturbing, and, at times, fascinating. Alexander Skarsgård is excellent in his descent into madness, but Mia Goth steals the show. She’s hypnotic — a perfect embodiment of seductive insanity, a contemporary face of evil. Every smile, every glance, unsettles you. The atmosphere, sound, and lighting work together to create an unbearable sense of claustrophobia. There’s no escape, physical or mental. And though the narrative sometimes drowns in its own excess, the film achieves exactly what it wants: to disturb, to leave its mark, to linger in your mind. It’s not for everyone. It’s grotesque, dark, and deeply unsettling — but also a unique cinematic experience. Infinity Pool is a reflection of pleasure, power, and moral decay. A mirror held up to the worst in us… and one we can’t look away from.
Cleopatra Coleman
Em Foster
2020