

La obra maestra de Harold Lloyd. La escena del genial cómico escalando un edificio supone uno de los momentos más grandes del cine mudo, y su clímax -Harold colgado de las manillas del reloj- sigue siendo una de las escenas estelares de la historia del séptimo arte.
Director
Fred C. NewmeyerGuión
Hal Roach, Sam Taylor, Tim Whelan

Martin Oaks
16 jun 2025
**Una joya que brilla para siempre** Esta maravilla del cine mudo sigue siendo tan emocionante y divertida hoy como lo fue hace más de un siglo. Si bien es famosa por su icónica escena final, la película es, en realidad, mucho más que un simple gag, es un testamento al genio de Lloyd y a la magia del cine de la época. Desde el primer minuto, Lloyd, en su papel del ambicioso y un tanto torpe dependiente de unos grandes almacenes, nos conquista con su encanto y su persistencia. Su característico par de gafas de concha le otorgan una humanidad que lo hace instantáneamente cercano. La trama, que lo lleva desde un pequeño pueblo a la bulliciosa ciudad de Los Ángeles en busca de fortuna, para poder casarse con su amada, es un lienzo perfecto para una serie de desventuras hilarantes y situaciones ingeniosas. Lloyd era un maestro en el arte de la comedia física, y “El hombre mosca” es la prueba. La famosa secuencia en la que escala el edificio es una proeza cinematográfica que aún hoy sorprende. La idea la extrajo de una campaña publicitaria donde un “hombre mosca” real (un escalador de edificios profesional, muy popular en la época) escalaba la fachada de un rascacielos en el centro de Los Angeles. Lloyd quedó tan impresionado que se dio cuenta del enorme potencial dramático y cómico para una secuencia similar en su película. De hecho, el escalador real que inspiró la escena, Bill Strother, fue contratado para la película y actuó como doble en algunas de las tomas más peligrosas, y en el papel del amigo de Harold que se supone que iba a escalar el edificio. En realidad, la escena ni siquiera se filmó realmente en la cima de un edificio de 12 pisos, sino que se usaron trucos de perspectiva muy ingeniosos, construyendo fachadas de edificios en los tejados a diferentes alturas. Las tomas más cercanas a la calle se filmaron en un edificio más bajo, mientras que las tomas que daban la sensación de estar a mayor altura se rodaron en tejados más altos, con el ángulo de la cámara creando la ilusión de que Harold estaba realmente a cientos de metros del suelo. Donde no hay ordenadores, hay ingenio. La combinación de la vulnerabilidad de Lloyd, los obstáculos que se interponen en su camino y la escalada masiva del rascacielos crean una tensión palpable, al mismo tiempo que se intercalan momentos de slapstick puro que son muy divertidos. No se trata solo de simples trucos, sino de una narración magistral que culmina en uno de los finales más memorables de la historia del cine. Cuando "El Hombre Mosca" se estrenó causó auténtico furor. Las multitudes se congregaban para ver a Lloyd en la pantalla, y se dice que la gente jaleaba y aplaudía en las salas de cine. Tuvo tanto éxito que incluso el presidente de los Estados Unidos en ese momento, Warren G. Harding, quien estaba convaleciente en ese momento (y que murió meses después por una crisis cardiaca), recibió la recomendación de su médico de ver la película para animarse un poco. Tras haberla visto proyectada en su propio domicilio, Harding envió una carta de agradecimiento al equipo y a Harold Lloyd, diciendo simplemente “…esto me ha encantado”.

Noah Young
The Law
2025