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Cuatro amigos millonarios se escapan del ojo público cuando explota una crisis internacional.
Director
Jesse ArmstrongGuión
Jesse Armstrong

Marco-Hugo Landeta Vacas
23 nov 2025
(CASTELLANO) “Mountainhead” es de esas películas que, si te pones exquisito, puedes desmontar en un momento. La historia es sencilla, casi un chiste largo, y no pretende ser más profunda de lo que es. Pero también es verdad que tiene un guion tan rápido, tan afilado y tan consciente de lo que quiere provocar, que al final acabas entrando en su juego aunque ya hayas visto mil sátiras sobre ricos que juegan a salvar el mundo como si fuera un videojuego. Lo mejor, sin duda, es el tono. Esa sensación constante de incomodidad mezclada con carcajada corta. Un humor que va directo a la mandíbula, casi siempre a costa de estos personajes que se creen semidioses tecnológicos mientras básicamente actúan como niños malcriados. Y sí, recuerda muchísimo a Succession, no solo en la mala leche, también en la forma de retratar a este tipo de gente: brillantes en teoría, profundamente peligrosos en la práctica, y completamente incapaces de entender el daño que generan. La historia en sí no me parece explosiva. Funciona, te mantiene dentro, pero no tiene ese “algo más” que la haga trascender. A veces notas que Armstrong monta el esqueleto narrativo para sostener las escenas ingeniosas, no al revés. Pero oye, las escenas funcionan casi siempre: los diálogos son veloces, las humillaciones vuelan de un lado a otro, y hay un ritmo muy particular que mezcla ligereza y mala uva con bastante estilo. Lo que sí tiene es esa lucidez incómoda que te hace pensar que no está tan lejos de la realidad. Por eso, aunque a ratos me pareció demasiado evidente, también admito que la película tiene momentos en los que da en el clavo. No por novedoso, sino por insistir en algo que sabemos pero evitamos mirar: que quizá las personas que manejan nuestro presente —y nuestro futuro— están tan perdidas como los personajes de Mountainhead. Y eso es divertido hasta que deja de serlo. No es una obra maestra, pero sí un rato muy bien llevado, con mala leche de la buena y un reparto que se lo pasa en grande. Para lo que quiere ser, cumple de sobra. (ENGLISH) “Mountainhead” is one of those films you could tear apart in seconds if you felt like being picky. The story is fairly simple, almost a long joke stretched to feature length, and it doesn’t pretend to be deeper than it is. But the script moves so fast, hits so sharply, and knows exactly what reaction it wants from you that, even if you’ve seen a thousand satires about rich guys playing with the world like it’s a toy, you end up going along with it. What works best is the tone. That mix of discomfort and short, nervous laughter. A sense of humor that punches rather than smiles, mostly aimed at these tech “visionaries” who behave like overgrown children. And yes, it’s impossible not to think of Succession —not only because of the spiteful energy, but the way it portrays people who are brilliant on paper and dangerously clueless in practice. The plot itself isn’t groundbreaking. It works, it keeps you watching, but it never fully breaks out of its own bubble. Sometimes you can see Armstrong building the narrative skeleton mostly to serve the clever scenes, not the other way around. Still, those scenes land more often than not: snappy dialogue, perfectly timed humiliations, and a rhythm that blends lightness with real bite. What the film does nail is that uncomfortable clarity about how close this may be to reality. Even when it feels obvious, there’s something true in how it shows these men improvising their way through crises with the confidence of people who’ve never had to face consequences. It’s funny, until you realize it’s also terrifying. Not a masterpiece, but a solid, well-paced, deliciously nasty ride with a cast clearly having fun. For what it wants to be, it delivers.
Venis Parish
2010